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En Abril celebramos a Margarita Tarragona

En marzo celebramos a miembros valiosos de la comunidad ITAM, y esta vez nos sentamos a platicar con alguien que, además de enseñar con pasión, tiene una mirada optimista y luminosa sobre la vida: Margarita Tarragona, o como prefiere que le digan, Marga.

Profesora en la práctica —no en el laboratorio—, Marga se define como una “pracademic”, un término que mezcla practitioner y academic, y que resume muy bien su vocación: enseñar psicología positiva desde la experiencia real, conectando la ciencia con la vida cotidiana. En el ITAM dirige el Centro de Estudios del Bienestar, un espacio donde se promueve, con base en evidencia científica, la posibilidad de vivir con plenitud.

Fuera de las aulas, Marga es coach y psicoterapeuta, cofundadora del Grupo Campos Elíseos, autora publicada en temas de psicoterapia, y está certificada en indagación apreciativa y en el método Designing Your Life. Su vida profesional es un entrelazado constante entre el conocimiento y la escucha profunda.

Cuando se le pregunta qué es lo que más disfruta de su trabajo, no lo duda: dar clases. “Me encanta la interacción con los alumnos. Son jóvenes brillantes y curiosos, y es muy bonito compartir con ellos herramientas que pueden tener un impacto positivo en su vida. Además, es divertido”, dice con una sonrisa. Y luego lanza una frase que la define:

“Si quieres aprender algo, enséñalo.”

Aunque sus colegas tal vez no lo sepan, su enfoque está totalmente anclado en la práctica: no solo enseña psicología, la vive y la aplica todos los días. Y aunque admite entre risas que a sus alumnos no les encantan sus chistes, sí está convencida de que su presencia aporta algo valioso.

“Mi lema es psicología para el florecimiento humano. Todos podemos aportar algo, incluso si eso es simplemente estar ahí. Escuchar bien, tener buen humor… a veces eso es lo más importante.”

Al preguntarle cuál ha sido su cumpleaños más especial, Marga vuelve a tener 16. Recuerda que todos los viernes iba en coche a Bellas Artes con sus amigos para asistir a conciertos. Pero ese viernes algo fue distinto. El coche tomó otro rumbo. No entendía por qué. Al llegar a su casa, la esperaba una fiesta sorpresa: estaban sus amigos, su mamá, tamales calientes y ese tipo de alegría genuina que se guarda para siempre en el corazón.

Hablar de postres es otro terreno feliz para Marga: le cuesta elegir entre un pastel de mil hojas y uno de chocolate. Ambos tienen su lugar especial. Lo que no cambia es la manera en que suele celebrar: con una comida familiar, aunque no siempre caiga el mismo día. Para ella, lo importante es estar juntos, sin prisas ni protocolos.

Y antes de despedirse, deja un mensaje para quienes cumplen años este mes:

“¡Felicidades a todos! Qué suerte tengo de cumplir en esta época, cuando florecen las jacarandas y hay mangos de Manila. Son dos de las mejores cosas de la Ciudad de México. Espero que disfruten de toda la belleza que nos rodea.”

Pero el momento más emotivo llega al final. Le pedimos que imagine a esa Margarita adolescente, la que bajaba del coche sin entender por qué no iban a Bellas Artes, la que abrió la puerta de su casa y encontró un cuarto lleno de amor, tamales y sorpresa. Si pudiera hablar con ella hoy, ¿qué le diría?

Apunta alto, sueña en grande. Vas a llegar mucho más lejos de lo que te imaginas.

Y al mismo tiempo… relájate. No cargues con tanto. Todo va a estar bien.

Dos frases que pueden parecer opuestas, pero que en el corazón de Marga conviven como viejas amigas. Porque han sido su brújula: soñar sin miedo, y confiar en que el camino —aun con sus curvas— la iba a llevar justo a donde debía estar.

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