La mayor revolución tecnológica de la historia debe subordinarse a la ética profesional y el pensamiento crítico, más aún en una disciplina de importancia capital: el derecho.
Como abogado especializado en LegalTech y cofundador de MiDespacho.Cloud, he sido testigo directo de cómo la inteligencia artificial transforma el ejercicio del Derecho. En 2021, durante una llamada con un grupo de abogados latinoamericanos, tuve la oportunidad de conversar con Richard Susskind, referente internacional en Derecho y tecnología. En ese encuentro, centrado en los desafíos que plantea la IA en la práctica jurídica, dijo algo que me marcó: “El abogado que use inteligencia artificial debe revisar su trabajo como si lo hubiera hecho un pasante”. Más que una advertencia técnica, era una lección de ética profesional.
Esa idea resume la premisa de este artículo: la IA no sustituirá al abogado, pero sí exige una nueva forma de ejercer la profesión y, sobre todo, una nueva formación. Nos obliga a repensar cómo entrenamos a los futuros juristas en un entorno donde el Derecho ya no solo se interpreta, también se programa.
Transformaciones visibles en la práctica jurídica
La figura del abogado como intérprete de normas y redactor de argumentos está evolucionando definitivamente hacia un nuevo perfil: el jurista digital. Este perfil combina el razonamiento jurídico tradicional con una comprensión funcional, aunque no necesariamente técnica, de las herramientas tecnológicas que ya intervienen en la práctica diaria.
En plataformas como MiDespacho.Cloud, muchos abogados utilizan asistentes de IA para tareas como generar borradores, clasificar documentos o buscar jurisprudencia relevante. Pero lo que distingue al jurista digital no es el simple uso de la IA, sino saber cuándo confiar en ella, cuándo corregirla y, sobre todo, cómo supervisarla con criterio jurídico.
Este perfil debe ser capaz de identificar sesgos en las salidas del modelo, validar fuentes jurídicas y transformar información automatizada en decisiones estratégicas. Sin estas habilidades mínimas, el riesgo de errores (como las llamadas alucinaciones o la cita incorrecta de jurisprudencia) aumenta significativamente. Aquí entra la clave: el jurista digital no delega su juicio, lo potencia con inteligencia artificial.
El nuevo ABC del Derecho
La IA impacta en la práctica del Derecho, y también transforma su enseñanza. Las facultades de Derecho tienen hoy la oportunidad y la responsabilidad de liderar este cambio. El objetivo no es formar programadores, aunque tener nociones básicas de programación pueda ser útil, sino abogados capaces de comprender, cuestionar y aplicar de manera responsable tecnologías emergentes con juicio.
Para lograrlo, se requiere una alfabetización tecno-jurídica, entendida como la incorporación de materias tecnológicas en la formación jurídica. Esto puede incluir diversas asignaturas sobre Derecho y tecnología, talleres de análisis crítico de datos, ejercicios prácticos con herramientas de inteligencia artificial generativa, e incluso clínicas jurídicas interdisciplinares en colaboración académica con ingenierías o ciencias computacionales.
La convergencia entre lo legal y lo técnico no es un fenómeno futuro, sino presente. Y solo mediante esta formación híbrida podremos preparar a una nueva generación de juristas capaces de ejercer con responsabilidad en un entorno digital.
La IA es una herramienta poderosa, no un sustituto del criterio jurídico
El abogado que domine el uso de la inteligencia artificial tendrá una ventaja clara, pero no definitiva. Estas herramientas pueden agilizar procesos, pero nunca reemplazar el juicio profesional del jurista.
El uso irreflexivo de plataformas de IA puede derivar en errores graves, como las llamadas alucinaciones, en las que los sistemas generan contenido ficticio, con consecuencias graves, especialmente cuando se trata de decisiones que afectan a las personas.
Por eso, incorporar la IA a la formación jurídica no es solo cuestión técnica, sino también crítica. Estudios recientes del MIT advierten que el uso desmedido de modelos como ChatGPT no necesariamente mejora la productividad y, en ciertos contextos, puede empobrecer nuestras capacidades cognitivas (Kos’myna, 2025). Enseñar a utilizar la IA implica también enseñar a pensar con ella. El pensamiento crítico debe seguir siendo el eje rector de la práctica jurídica.
Conclusión: el Derecho es y será cambiante
El Derecho ha sabido adaptarse históricamente a nuevas realidades sociales, económicas y políticas. Hoy enfrenta una nueva transformación: la revolución tecnológica. La inteligencia artificial no elimina la necesidad de abogados, pero sí exige pensamiento crítico y responsabilidad en su uso.
Formar juristas capaces de interpretar normas y comprender el funcionamiento básico de las herramientas digitales es esencial. Leer tanto el Código Civil como el código fuente —es decir, el conjunto de instrucciones que da vida a los algoritmos— implica entender el lenguaje de las leyes y el de los sistemas. Solo así, el Derecho no solo sobrevivirá a esta nueva etapa, sino que saldrá fortalecido. Lo que nos deja algunas preguntas: ¿estamos formando juristas preparados para pensar con tecnología y no solo frente a ella? ¿Cómo podemos los exalumnos del ITAM contribuir a esta transformación desde nuestros propios espacios profesionales?
| Héctor Rincón Cofundador MiDespacho.Cloud Instituto Tecnológico Autónomo de México Licenciatura en Derecho |

