Un Mundial para una nueva generación del fútbol

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Transcurrieron ocho largos años desde que Canadá, Estados Unidos y México fueron designados como sede conjunta para albergar la Copa Mundial de Futbol 2026 —la 23.ª edición del torneo—, finalmente disputada este verano.

Si bien cada edición tiene sus particularidades, en esta ocasión se trató de un Mundial atípico por varios motivos, con variaciones de organización y logística muy relevantes respecto a las ediciones previas y en un contexto geopolítico de gran complejidad, que también tuvo efectos en el desarrollo del torneo.

El cambio más significativo tuvo que ver con el formato, pues desde que se definió la sede se anunció la muy controvertida decisión de ampliar —a partir de este torneo— el número de equipos participantes, de 32 a 48 selecciones, con el consecuente incremento en el número de partidos disputados, pasando de 64 a nada menos que 104.

Cancha de fútbol- nota Mundial 2026

Además, por vez primera, el torneo se realizó en tres países distintos. Si bien no se trata del primer Mundial organizado de manera conjunta —pues la edición de 2002 se llevó a cabo en Corea del Sur y Japón—, sí implicó mayores retos logísticos, simplemente por las enormes distancias entre las sedes, que tanto la afición como aquellas selecciones que más avanzaron en las diversas instancias del torneo tuvieron que recorrer.

Cabe resaltar la repartición tan desigual de partidos entre los tres países, lo que generó condiciones muy heterogéneas, no solo de organización, sino también de folclor y ambiente, en función del país y la sede en cuestión: apenas 13 encuentros disputados en Canadá y México, respectivamente, frente a los 78 partidos que albergó Estados Unidos a lo largo y ancho de su territorio.

Balón - Nota Mundial 2026

En cuanto a la perspectiva de la afición, más allá de los retos logísticos asociados con la lejanía entre sedes, este Mundial pasó a la historia como el más caro jamás organizado, con un incremento en el precio de las entradas de entre el doble y el triple en relación con versiones anteriores de la competición.

Por lo que respecta a México, nuestro país se convirtió en el único en ser anfitrión del Mundial por tercera ocasión, de la misma manera que el Estadio Azteca se erigió como el único en albergar, también por tercera vez, el partido inaugural de este torneo. Con todo, la experiencia general fue muy diferente a las de 1970 y 1986, cuando fuimos los únicos organizadores de la competencia.

Se trató, pues, de un Mundial diferente —con sus altas y bajas, como todos—, pero que, sin duda, marca el precedente de la tendencia que seguirán las próximas ediciones: sedes conjuntas, más selecciones participantes y precios altos, muy altos.

Eduardo Nateras
Subdirector de Asuntos Estudiantiles
ITAM
eduardo.nateras@itam.mx

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