Un panel sobre el T-MEC en un contexto de mayor incertidumbre
En el Seminario de Perspectivas Económicas 2026 del ITAM, el panel Renegociación del T-MEC reunió a Luis de la Calle y Gerónimo Gutiérrez, con la moderación de Natalia Saltalamacchia, para discutir el rumbo de la próxima revisión del tratado y sus implicaciones para México. La conversación coincidió en un diagnóstico central: la renegociación deja de ser un ejercicio predominantemente técnico y se convierte en una negociación crecientemente política, donde el comercio se cruza con temas de seguridad, migración y geopolítica.
Del tratado técnico a la negociación política
Los panelistas advirtieron que el entorno actual anticipa una revisión del acuerdo con mayor carga política y menor foco en los capítulos tradicionales. Gerónimo Gutiérrez subrayó que el tratado será utilizado como instrumento de presión en una agenda más amplia: comercio, seguridad y narcotráfico se entrelazan, y la discusión comercial puede “contaminarse” con prioridades que exceden los términos económicos del T-MEC.
En ese marco, el futuro del acuerdo dependería menos del texto y más de la lógica política con la que se conduzca la negociación, con riesgos adicionales para la relación trilateral.
Aranceles y sección 232: el eje de la competitividad
Para Luis de la Calle, el punto neurálgico no está en los detalles menores del tratado, sino en el terreno arancelario. Enfatizó que la competitividad mexicana depende de asegurar cero aranceles bajo la sección 232, especialmente para acero, aluminio y derivados, por su impacto directo en costos, inversión y decisiones de relocalización productiva.
Desde esta perspectiva, la sección 232 se vuelve un “filtro” que puede definir el acceso real al mercado, incluso si el resto del acuerdo permanece formalmente intacto. La discusión, por tanto, se desplaza hacia los mecanismos de presión comercial que pueden aplicarse fuera del espíritu del tratado.
Un T-MEC cruzado por seguridad y migración
Gutiérrez insistió en que la renegociación se desarrollará en un entorno donde la agenda bilateral pesa tanto como la comercial. Anticipó que Estados Unidos puede usar el T-MEC como palanca para demandas relacionadas con seguridad y migración, elevando la incertidumbre y obligando a México a prepararse para una negociación “diversificada”, en la que el empaquetamiento político puede ser tan relevante como la sustancia económica.
La conclusión del panel fue clara: el T-MEC se mueve hacia una etapa donde los incentivos políticos dominan la conversación y pueden redefinir prioridades, tiempos y resultados.
Lo que México debe cuidar en 2026
En un entorno más politizado, los especialistas coincidieron en que México necesita concentrarse en los puntos que sostienen su competitividad y certidumbre. Mantener condiciones de acceso comercial, contener riesgos arancelarios y anticipar el cruce con seguridad y migración será clave para reducir volatilidad y sostener la integración productiva con Norteamérica.
