En una conferencia organizada en el ITAM, se analizó el impacto de los aranceles de Estados Unidos en la economía mexicana, particularmente ante el contexto político-electoral estadounidense. La sesión reunió a expertos en economía internacional y política comercial para explorar las posibles respuestas de México y los efectos a corto y mediano plazo en su economía.
Ganadores, perdedores e incertidumbre económica
El análisis comenzó abordando los efectos directos de los aranceles sin considerar una respuesta del gobierno mexicano. Si solo México enfrenta un arancel del 20%, los precios de los bienes caerían localmente y aumentarían en EE.UU., resultado de un fenómeno conocido como impacto monopsónico. No obstante, si los aranceles se extendieran al resto del mundo, el efecto sería menor, pues funcionaría como un impuesto al consumo con subsidios equivalentes a los productores.
Una de las respuestas naturales sería la depreciación del tipo de cambio. Aunque parte de esta ya ocurrió, sigue existiendo presión sobre el peso debido a la incertidumbre jurídica y comercial. Esta devaluación solo absorbe parte del impacto de los aranceles de Estados Unidos en la economía mexicana, generando una pérdida de riqueza, aunque incrementa temporalmente la competitividad de las exportaciones mexicanas.
El mayor riesgo identificado no es el arancel en sí, sino la incertidumbre que lo rodea. Un arancel podría reducir el PIB entre 1% y 2%, pero el verdadero golpe vendría por la caída en inversión y la cautela empresarial ante un posible retorno de Donald Trump y un entorno económico más volátil.

¿Cómo debe responder ante la imposición de aranceles México? Estrategia y diversificación
Ante esta coyuntura, se exploraron dos líneas de acción:
- Responder o no con aranceles: Desde un enfoque económico estático, responder con aranceles sería ineficiente. Sin embargo, en el terreno político, México podría aplicar medidas selectivas para ejercer presión, como ocurrió en 2019, cuando se impusieron aranceles a ciertos productos estadounidenses para generar un daño focalizado sin escalar el conflicto.
- Ampliar y fortalecer tratados comerciales: Con 14 tratados que cubren 52 países, México debe avanzar hacia una mayor diversificación comercial. Aunque la geografía limita la sustitución de EE.UU. como principal socio, se subrayó que abrir nuevas puertas —por ejemplo, con Corea del Sur o Australia— puede ser crucial para reducir la vulnerabilidad externa. “Geografía es destino”, se advirtió, pero no una sentencia definitiva.
También se destacó que el libre comercio, pese a críticas recientes, sigue siendo una herramienta clave para generar valor. México no puede aspirar a desarrollarse de manera aislada; al contrario, necesita integrarse aún más a las cadenas globales con una base productiva fortalecida.

Un nuevo orden global y respuestas estratégicas
El fin de la llamada Pax Americana fue otro de los temas discutidos. Las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial —como el FMI, el Banco Mundial y la OMC— enfrentan una crisis de legitimidad, mientras que China desafía el orden comercial tradicional con subsidios agresivos a industrias clave, ganando poder a pesar de operar con pérdidas.
En este contexto, se propuso considerar acuerdos preferenciales que den ventajas a EE.UU. a cambio de que México imponga barreras a otros países. Aunque implicaría suspender tratados multilaterales, el efecto neto de una estrategia bien diseñada podría ser positivo para México, si se logran desviar flujos comerciales hacia sectores estratégicos nacionales.

Acciones domésticas para reforzar la competitividad
Finalmente, se subrayó la importancia de fortalecer la economía interna. Independientemente del impacto de los aranceles de Estados Unidos en la economía mexicana, el país necesita mejorar su productividad, invertir en infraestructura (como trenes y gasoductos), adoptar energías limpias y desarrollar una política fiscal más sólida. Se advirtió sobre el papel de Pemex como un lastre financiero, recordando que el gobierno dejó un déficit del 6% y una deuda superior al 50% del PIB.
La conferencia cerró con una frase contundente:
“Cuando los bienes dejan de cruzar las fronteras, empiezan a cruzar los soldados”,
recordando que el comercio es, ante todo, una herramienta de paz y estabilidad.
