En el marco del Seminario de Perspectivas Económicas 2026, celebrado el 9 de enero en el Instituto Tecnológico Autónomo de México, la Conferencia Magistral de Alan Stoga, con comentarios de Jorge Suárez-Vélez, ofreció una lectura directa y estratégica del nuevo orden global, marcado por el uso explícito del poder, la intimidación y la consolidación de esferas de influencia.
Stoga planteó que la globalización no se ha detenido, pero sí ha cambiado de naturaleza. El mundo, explicó, transita hacia un nacionalismo económico más acentuado, donde la lógica de cooperación multilateral cede terreno a negociaciones bilaterales y transaccionales. En este contexto, la política internacional se rige menos por reglas compartidas y más por el peso relativo de cada actor.
Negociación basada en poder
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue el estilo de negociación impulsado por Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. Stoga describió una estrategia sustentada en la intimidación y la ambigüedad estratégica: las negociaciones parten de la amenaza, con el objetivo de maximizar concesiones. Si bien este enfoque puede resultar efectivo frente a adversarios, advirtió que resulta profundamente dañino cuando se aplica a aliados, pues erosiona la confianza y debilita alianzas de largo plazo.
Más que la confrontación abierta, señaló, el mayor riesgo proviene de los accidentes: decisiones mal calibradas, errores de interpretación o escaladas no previstas que históricamente han detonado los conflictos más graves. En ese sentido, el entorno internacional actual es más volátil y menos predecible que en décadas recientes.
Esferas de influencia y el papel de China
Stoga subrayó que el mundo avanza hacia un esquema de esferas de influencia regional, donde las grandes potencias buscan consolidar control político, económico y estratégico en sus áreas “naturales”. En este nuevo orden, China ha optado por construir un camino propio, al no poder depender de instituciones creadas por Occidente, históricamente dominadas por Estados Unidos y poco receptivas a sus intereses.
Esta fragmentación del sistema internacional, sostuvo, redefine las reglas del comercio, la inversión y la seguridad, y obliga a los países intermedios a replantear sus estrategias con mayor realismo.
México ante decisiones estratégicas
En su análisis sobre México, Stoga enfatizó la necesidad de claridad estratégica. Frente a un entorno donde comercio, seguridad y geopolítica se entrelazan, el país debe definir con precisión qué está dispuesto a negociar, cuáles son los costos que puede asumir y hasta dónde llegan sus márgenes de maniobra.
Advirtió que, más allá del discurso, resulta clave entender cómo se utiliza la información en la relación bilateral con Estados Unidos y qué implicaciones tiene para la agenda de seguridad y comercio. La renegociación del T-MEC, concluyó, se inscribe plenamente en esta lógica: Estados Unidos busca aliados, pero bajo sus propios términos.
