El Departamento Académico de Derecho del ITAM tuvo el honor de recibir a Andrew Hurrell, profesor emérito de Relaciones Internacionales en la Universidad de Oxford y una de las voces más influyentes en el estudio del desorden global. En su visita al ITAM, Hurrell lanzó una advertencia contundente: vivimos en una era de incertidumbre y cambio en el orden internacional.

El desorden global en la era de Trump
Su conferencia giró en torno a su investigación Global (Dis)Order in the Age of Trump, un análisis profundo sobre las fracturas que han debilitado el sistema internacional. Hurrell destacó cómo el ascenso del unilateralismo, el resurgimiento del nacionalismo y la erosión de las instituciones multilaterales han puesto en jaque la estabilidad global, acentuando el actual desorden global.
“El orden internacional liberal ya no es lo que solía ser, y tal vez nunca lo fue.”
Con esta afirmación, Hurrell desafió la narrativa tradicional sobre el orden internacional basado en reglas. La llegada de Trump a la presidencia marcó un punto de inflexión: el liderazgo estadounidense, que solía sostener este modelo, dio paso a una política exterior errática, proteccionista y confrontativa, intensificando el desorden global.
No obstante, Hurrell enfatizó que este desorden global va más allá de Trump. Existen tendencias estructurales profundas que lo explican:
- La creciente rivalidad entre potencias como EE.UU. y China.
- El auge de actores no estatales con influencia global.
- La crisis del multilateralismo y la falta de cooperación internacional.
- Desafíos transnacionales como el cambio climático y las pandemias.

¿Un nuevo orden o un caos permanente?
Ante un auditorio atento—o al menos iluminado por el reflejo azul de las pantallas de sus computadoras—, Hurrell lanzó una pregunta clave: ¿nos dirigimos hacia un nuevo orden global o estamos condenados a un desorden global perpetuo?
La incertidumbre, afirmó, es ahora una constante. No hay respuestas definitivas, solo la certeza de que el mundo ya no es el mismo y que las reglas que lo gobernaban están en disputa. Sin embargo, en medio de este desorden global, Hurrell instó a no caer en el fatalismo. Si bien el caos es evidente, también lo es la capacidad de los actores internacionales para adaptarse y redefinir las estructuras del orden internacional.

Mientras la conferencia llegaba a su fin, la paradoja quedó flotando en el aire. En un mundo donde el liderazgo se fragmenta, las instituciones se debilitan y la incertidumbre se normaliza, la pregunta no es solo qué vendrá después, sino si seremos capaces de entenderlo a tiempo.
