Cicerón: ¿autor barroco o ilustrado?

Los estudios de recepción consisten en la reinterpretación de textos clásicos por autores modernos bajo cierto horizonte histórico y estético. Cuando el autor moderno recibe al antiguo, filtra su estética y mentalidad, generando una nueva expectativa del autor y otorgándole un color que no poseía en su horizonte original. Así lo explicó Javier Espino Martín, profesor del Departamento de Estudios Generales del ITAM.

Durante su conferencia, analizó las maneras en que se han utilizado e interpretado de diversas formas a lo largo de la historia, ciertos rasgos de la retórica de un autor canónico: Cicerón, el cual los estudiantes del ITAM abordan en la primer materia de filosofía.

Dr. Carlos Mc Cadden y Dr Javier Espino Martín
Dr. Carlos Mc Cadden y Dr Javier Espino Martín. FOTO: ITAM

Cicerón, indicó el ponente, aborda dos conceptos clave: el ingenium (la predisposición innata) y la ratio o logos. Además, debe existir el decorum, un equilibrio entre estos conceptos, que adapta el ingenio a la razón. La concretización de estas ideas desde los puntos de vista Jesuita y racionalista da pie a dos Cicerones distintos: el primero más barroco y el segundo más ilustrado.

Cicerón desde la perspectiva Jesuita

Un momento clave se dio entre la reforma y contrarreforma, cuando dejó de existir una sola iglesia, se crean distintas divisiones que buscaban legitimarse.

Los jesuitas utilizan el texto ciceroniano respondiendo al protestantismo con una estética de sensorialidad mística. Retoman el concepto del ingenium y lo elevan hasta darle una capacidad de manifestación que desborde la ratio. Para ellos, el ingenio ya no es simplemente una capacidad creativa controlada por la razón, sino que debe ser exprimida. 

El Racionalismo de Cicerón

Por otro lado, el Cicerón ilustrado nace de la potenciación de la lógica frente a la retórica. Para ello, la concretización del autor, aunque se traten los mismos conceptos, se da bajo otro horizonte estético e histórico, el cual profundiza en los criterios racionalistas. Petrus Ramus, humanista y lógico francés, se adentra en lo que los jesuitas evitan: reducir la retórica a un programa sistemático de análisis o desarrollo de argumentos. La razón se une al concepto metafórico para frenarlo en vez de potenciarlo.

Dr. Javier Espino Martín
Dr. Javier Espino Martín. FOTO: ITAM

El Cicerón racionalista toma un sentido ético cuando es abordado por John Locke. Para él, Cicerón es la base del gentleman. Locke expone la Biblia y “Los deberes” de Cicerón como textos necesarios para desarrollar la virtud, mas se trata de una virtud muy puritana en la que la Biblia aporta aprendizaje religioso, mientras “Los deberes” sirve para las virtudes civiles.

En su época, Gaspar Melchor de Jovellanos nota que existe un vacío en el plan de estudios del estado en el que se formen ciudadanos ilustrados con amor a la patria, que busquen servirla. Por eso, propone un curso de moral y ética basado en conceptos de Cicerón en el que todos los ciudadanos puedan ser virtuosos y amar a la patria. 

Dos perspectivas del mismo autor

También es conocida otra discusión entre Julio Verne y Antonio Codorniú, en la que el primero propone que se tome el Cicerón del racionalismo y se elimine el ingenioso, mas Codorniú sale a la defensa del Cicerón barroco. Esta polémica ilustra perfectamente la oposición de estéticas que, a pesar de sus diferencias, buscan legitimar su pensamiento a través del mismo autor.

El Dr. Espino terminó la ponencia preguntando a los asistentes si Cicerón era más ilustrado o más barroco. Él mismo concluyó que Cicerón en realidad se encuentra en un universo distinto a los planteados, y su análisis se centra en mostrar cómo cambia la retórica dependiendo del horizonte en que se aborde.

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