El pasado lunes, el Centro de Aprendizaje, Redacción y Lengua (CARLE) del ITAM organizó una conferencia en el Auditorio Raúl Baillères Jr., donde el reconocido escritor y sociólogo Juan Villoro capturó la atención del público con su estilo mordaz y su aguda capacidad de observación. En una charla que dejó más preguntas que respuestas, Villoro abordó uno de los temas más trascendentales de nuestra era: la inteligencia artificial y su impacto en la esencia humana.
Inteligencia artificial y esencia humana: ¿razón o emoción?
Bajo la gélida luz blanca del auditorio, en contraste con la calidez de la madera anaranjada, Villoro irrumpió en el escenario con la altivez de quien no teme confrontar las preguntas difíciles. Durante su intervención, sostuvo que la gran diferencia entre las máquinas y los seres humanos radica en el instinto emotivo, esa capacidad innata que nos permite no solo decidir, sino también recordar, conectar y dotar de significado a nuestra existencia.
“La inteligencia artificial puede procesar información con una precisión inigualable, pero carece de la emoción que define lo humano.”
Paradójicamente, pronunció estas palabras ante una audiencia cuya atención se dividía entre él y el resplandor azul de sus pantallas, como si fueran parte de la misma contradicción que exponía.

Inteligencia artificial: ¿enemigo o aliado de la esencia humana?
Con su tono pausado y su mirada inquisitiva, Villoro desechó la idea de un rechazo absoluto a la tecnología.
“No se trata de huir al campo, alejarse de la luz eléctrica, alimentarse de raíces ni renunciar a la civilización, sino de encontrar el justo medio con las nuevas herramientas.”
Su más reciente libro, No soy un robot, explora esta dualidad. En él, Villoro imagina un mundo donde el papel es una innovación revolucionaria, una alternativa inesperada a la dependencia digital. En esta paradoja, cuestiona la obsesión humana por lo “nuevo” y la facilidad con la que olvidamos que la tecnología no es un fin en sí misma, sino una herramienta.

¿Somos humanos o seguimos instrucciones?
Mientras Villoro hablaba sobre la importancia de no perder nuestra humanidad, los asistentes seguían inmersos en sus computadoras, como si encarnaran la misma paradoja que el escritor exponía. Al concluir su intervención, dejó una pregunta flotando en el aire:
¿Realmente somos diferentes a las máquinas o simplemente seguimos instrucciones en un mundo cada vez más automatizado?
Hoy somos humanos. Mañana, en teoría, también lo seremos. Pero la verdadera cuestión no es qué somos, sino en qué nos estamos convirtiendo.
